¡Una tormenta se llevó parte del decorado!
Benito Zambrano contó que las lluvias torrenciales de agosto obligaron a parar algunos días y llegaron a arrastrar elementos del set.
El equipo buscaba el calor abrasador de la posguerra española, pero el verano de Granada también les trajo lluvias torrenciales. Benito Zambrano contó que tuvieron que suspender jornadas y modificar escenas porque el agua se llevaba partes del decorado.
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Un niño huye de un pueblo dominado por el miedo y encuentra ayuda en un cabrero solitario. La adaptación de la novela de Jesús Carrasco se convirtió en un western de posguerra, filmado en el altiplano de Granada entre calor, polvo, animales y tormentas imprevistas.
Historias contrastadas del rodaje, las localizaciones y la adaptación literaria.
Benito Zambrano contó que las lluvias torrenciales de agosto obligaron a parar algunos días y llegaron a arrastrar elementos del set.
El actor explicó que las ovejas seguían al pastor verdadero, no a él, por lo que necesitaron un asesor con experiencia durante las escenas.
Vicente Romero recordó que un caballo se desbocó entre tomas y él pasó un susto considerable.
Gran parte de la película se filmó en julio y agosto, en el altiplano granadino, bajo temperaturas muy elevadas.
Zambrano explicaba que el viento y el polvo aportaban una verdad visual que habría sido difícil fabricar.
La transformación en western fue surgiendo de las localizaciones, la persecución, los jinetes y el paisaje.
La comarca granadina de Orce aportó las planicies áridas fundamentales para la historia.
Andalucía Film Commission documentó rodajes en Orce, Galera, Huéscar y Puebla de Don Fadrique.
El novelista Jesús Carrasco describió el paisaje elegido como un antiguo lecho marino de polvo finísimo.
Carrasco explicó que la adaptación usó un espacio mucho más dramático y cinematográfico que el de su imaginación.
Zambrano recibió el proyecto a finales de marzo y comenzó a rodar en julio: tuvo que revisar guion, elegir actores y buscar lugares.
Pablo y Daniel Remón realizaron una primera adaptación del libro de Jesús Carrasco, que Zambrano desarrolló después.
El director contó que recibió el proyecto con Luis Tosar ya vinculado y desarrolló el personaje pensando en él.
El equipo buscaba un intérprete capaz de expresar miedo y daño emocional con pocos diálogos; eligieron a Jaime López.
Tosar explicó que un cabrero enseñó el manejo de los animales y acompañó la filmación.
Luis Callejo recordó dificultades con un camión y un sidecar al circular por los caminos de rodaje.
El actor trabajó el capataz a partir de arquetipos de villanos de las películas del Oeste.
Para construir a su personaje, Romero partió de su arrogancia y de un pasado como torero.
Zambrano explicó que filmar en exteriores hacía difícil repetir la misma posición de las sombras entre tomas.
El director reconoció influencias de los westerns de Leone y John Ford.
Entre sus referentes para el tono figuró el western de Clint Eastwood.
Su propia infancia rural le permitió conectar personalmente con los abusos de poder representados en la película.
Intemperie adapta la novela debut homónima de Jesús Carrasco.
Benito Zambrano no había dirigido un largometraje de ficción desde La voz dormida (2011).
El relato se sitúa en 1947 y recrea una sociedad rural marcada por la pobreza y el poder de los terratenientes.
Zambrano explicó que deseaba mostrar cómo la solidaridad del cabrero transforma la vida del niño.
El cineasta señaló que quería abordar cómo el odio puede seguir dañando a quien ya ha sufrido.
La Academia española reconoció la canción original de Intemperie en los premios celebrados en 2020.
El trabajo de adaptación de Pablo Remón, Daniel Remón y Benito Zambrano fue premiado en los Goya.
El catálogo oficial de Film Madrid identifica esa fecha de estreno español.
Las lluvias obligaron a detener el trabajo y llegaron a arrastrar partes del decorado.
Un pastor auténtico tuvo que ayudar a Luis Tosar con las ovejas.
Orce, Galera, Huéscar y Puebla de Don Fadrique prestaron su geografía al relato.
La influencia del género surgió a medida que avanzaba la adaptación.
Benito Zambrano había imaginado la historia con paisajes secos, cielos duros y una persecución implacable. Eligió el altiplano de Granada para que la naturaleza se sintiera como otro personaje. Pero, después de semanas de calor y polvo, llegaron lluvias fortísimas en la segunda mitad de agosto de 2018. El director contó que tuvieron que suspender jornadas, rehacer planes y modificar escenas porque el viento y la lluvia dañaban los decorados. Los remolinos de polvo, por el contrario, acabaron siendo un regalo visual. Hasta las ovejas plantearon sus propias condiciones: Luis Tosar descubrió que no seguían las órdenes de un actor, sino las del pastor de verdad.
Jesús Carrasco había imaginado un paisaje austero para su novela; la película lo transformó en el espectacular altiplano granadino. Según el escritor, ese territorio de antiguo lecho marino ofrecía una textura de polvo y amplitud distintas a las del libro. Zambrano convirtió la huida en un thriller con ecos de Sergio Leone y John Ford, pero mantuvo en el centro la relación entre el muchacho y el cabrero. Es ficción histórica situada en la posguerra, no la reconstrucción de un caso concreto.
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Leer curiosidades →Entrevistas directas al director, intérpretes y autor de la novela, documentación audiovisual y fichas de localización. Se distinguen los hechos del rodaje y el contexto histórico de la ficción. No se ha utilizado IMDb como fuente.
Revisión editorial: 21 de octubre de 2026.