¡Un campeón de judo hizo de oso polar!
La gran pelea con el oso se rodó con un antiguo judoca olímpico islandés que empujaba y lanzaba a Nikolaj Coster-Waldau sobre la nieve. Después se sustituyó su figura por el animal digital.
Para simular el ataque del oso, el actor se dejó zarandear sobre la nieve por un antiguo judoca olímpico islandés. Tras varias tomas terminó mareado y con una conmoción leve. Y no fue el único peligro: una tormenta real obligó a evacuar a decenas de personas de un glaciar.
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En 1909, el explorador danés Ejnar Mikkelsen y el mecánico Iver Iversen se aventuran en el hielo de Groenlandia para recuperar unas pruebas geográficas vitales. Inspirada en las memorias reales del primero, la película fue filmada entre los glaciares de Groenlandia e Islandia, con frío extremo, perros de trineo auténticos y una climatología que llegó a poner en peligro al equipo.
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Una tormenta real, perros fuera de control, el falso oso polar y la expedición que inspiró la película.
La gran pelea con el oso se rodó con un antiguo judoca olímpico islandés que empujaba y lanzaba a Nikolaj Coster-Waldau sobre la nieve. Después se sustituyó su figura por el animal digital.
Después de unas seis o siete tomas contra el doble del oso, el actor se mareó y tuvo que detenerse. Explicó que dejó moverse libremente su cabeza para hacer creíble el forcejeo.
Peter Flinth llegó a investigar la posibilidad de trabajar con un animal entrenado en Svalbard, pero la producción descartó la idea por seguridad. El oso de la película es digital.
Un día de rodaje en Islandia se convirtió en una emergencia cuando llegaron vientos huracanados. Entre cincuenta y sesenta personas tuvieron que refugiarse y comprobar que nadie faltaba.
Coster-Waldau relató que durante aquella tormenta piedras impulsadas por el viento rompieron ventanas de una furgoneta. El equipo necesitó ayuda para abandonar el glaciar.
En Groenlandia se enfrentaron a frío extremo de hasta unos −30 °C. El equipo decidió filmar allí para que el aliento, la ropa y el agotamiento fueran auténticos.
Algunas localizaciones no contaban con accesos adecuados para un equipo cinematográfico. La producción preparó caminos para transportar personas, animales y material.
El actor reconoció que una secuencia en la que salta de un iceberg a otro le pareció una imprudencia impresionante. El hielo y el entorno no eran una recreación de estudio.
Coster-Waldau contó que perdió el control de un trineo al pasar por unas rocas y los animales se dirigieron hacia donde estaba el equipo. Un adiestrador intervino y nadie sufrió daños.
El actor recordó que el audio de la toma del trineo conservó los gritos desesperados de los miembros del equipo, aunque el resultado visual acabó siendo espectacular.
Las escenas se distribuyeron entre localizaciones reales de Groenlandia y los glaciares y tierras altas islandesas; no todo lo que se ve como Groenlandia se filmó allí.
Peter Flinth defendió que fotografiar a los actores en la nieve real aporta un comportamiento del cuerpo y la luz que un plató resulta difícil de reproducir.
Nikolaj Coster-Waldau no fue solo protagonista: adaptó las memorias de Ejnar Mikkelsen junto a su amigo y guionista Joe Derrick y también produjo la película.
Peter Flinth compartió con Coster-Waldau Two Against the Ice. El actor quedó especialmente impresionado por la intimidad psicológica y los recuerdos de los exploradores.
Coster-Waldau y Joe Derrick crearon el sello Ill Kippers para impulsar el proyecto. Fue su primer largometraje bajo esa bandera, según comunicó Netflix.
Ejnar Mikkelsen pretendía recuperar documentos de una expedición perdida para demostrar que Groenlandia era una isla continua y refutar la existencia del supuesto canal de Peary.
El origen literario es Two Against the Ice, el testimonio de Mikkelsen sobre la expedición danesa de 1909-1912, no una novela inventada para Netflix.
Mikkelsen e Iver Iversen quedaron atrapados en el Ártico tras su expedición. Su rescate llegó en 1912, después de más de dos años de privaciones.
Después de recuperar la prueba que buscaban, regresaron al lugar del barco y descubrieron que los demás expedicionarios habían partido. La segunda lucha fue simplemente sobrevivir.
Iver Iversen era un mecánico relativamente inexperto en expediciones polares. Su contraste con el veterano capitán sirve de base a la relación que cuenta la película.
Coster-Waldau afirmó que lo que más le emocionó del libro no fueron solo los peligros, sino cómo la convivencia forzada y el aislamiento afectaron a la mente de ambos.
La producción investigó los vínculos sentimentales y los recuerdos de los exploradores. Al actor le impresionó cuánto persistían esas emociones décadas después.
Flinth recordó un pasaje de los diarios: alguien entró en el refugio cuando los exploradores estaban lejos, pero no dejó una nota; Iversen dejó de escribir durante semanas.
El director citó la reacción sobria del capitán al episodio de la cabaña: en su diario escribió una frase brevísima que transmitía su profunda amargura.
Flinth consideró útil que Joe Cole llegara con menos familiaridad con Groenlandia: su desconcierto ante la inmensidad helada encajaba con el del inexperto Iversen.
En vez de crear cada desplazamiento por ordenador, rodaron perros groenlandeses sobre hielo marino real. Su fuerza, sus ritmos y sus reacciones exigían adaptar las tomas.
Durante las restricciones de la COVID-19 había pocos visitantes en determinadas zonas islandesas. El equipo describió una sensación de soledad que encajaba con la historia.
El director de Everest participó como productor y aportó equipos e infraestructura islandeses experimentados en filmar bajo condiciones climatológicas difíciles.
La película se presentó en el Festival Internacional de Cine de Berlín el 15 de febrero de 2022, antes de llegar a Netflix el 2 de marzo.
El compositor alemán, también conocido como Hauschka, firmó la música de esta historia polar dirigida por Peter Flinth.
Los desafíos de rodar una aventura polar fuera del estudio.
Las expediciones de los personajes se rodaron en la nieve de Groenlandia e Islandia; los efectos se reservaron para elementos que no podían filmarse con seguridad.
El contacto físico lo proporcionó un deportista especialista; el animal terminó de construirse mediante animación digital.
Las cámaras y los intérpretes debían adaptarse a animales fuertes que trabajaban en su entorno habitual.
Frío intenso, tormentas y accesos difíciles formaron parte del calendario real, hasta requerir una evacuación.
Peter Flinth quería que el encuentro con el oso polar tuviera una presencia física convincente. Llegó a investigar la posibilidad de contratar un animal entrenado en Svalbard, pero la idea era demasiado arriesgada. La solución fue encontrar a un antiguo campeón islandés de judo de peso pesado: durante las tomas, aquel deportista agarró a Nikolaj Coster-Waldau, lo lanzó una y otra vez contra la nieve y permitió que los especialistas captaran un forcejeo auténtico. Después, los artistas digitales reemplazaron al hombre por un oso. Coster-Waldau contó que hacia la sexta o séptima toma empezó a encontrarse mal y acabó con una conmoción leve. Todo ocurrió en un rodaje tan exigente que una tormenta huracanada llegó a obligar a evacuar un glaciar.
Porque el verdadero enemigo no es solo el frío: es permanecer meses aislado con otra persona cuando la esperanza de rescate parece extinguirse. La decisión de rodar en localizaciones polares aporta textura física a una historia que proviene de las memorias de un explorador real.
Más aventuras de supervivencia con rodajes extremos.

Frío, naturaleza hostil y un rodaje físicamente exigente.
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Una amistad puesta a prueba por los grandes paisajes salvajes.
Leer curiosidadesEntrevistas directas con el actor y el director, notas de Netflix y organismos cinematográficos. Se distinguen testimonios sobre el rodaje y hechos de la expedición histórica; no se emplean listas de curiosidades de IMDb.
Última revisión: 15 de octubre de 2026.