Veinticinco coches para una sola explosión
Para reconstruir la voladura del vehículo presidencial se utilizaron 25 coches de juguete de la marca Chrysler. Se filmaron numerosas pruebas con los modelos a escala.
La producción reconstruyó un tramo de la calle Claudio Coello en una maqueta gigantesca. Solo la secuencia de la voladura requirió tres días de trabajo y decenas de pruebas para que los vehículos a escala parecieran reales.
Descubrir las 28 curiosidades
Gillo Pontecorvo reconstruye cinematográficamente el atentado de ETA que acabó con la vida de Luis Carrero Blanco en Madrid en 1973. Protagonizada por Gian Maria Volonté, José Sacristán, Ángela Molina y Eusebio Poncela, la película aborda también las tensiones que surgieron posteriormente en torno a la violencia política durante la Transición.
Busca la película y artículos relacionados. La disponibilidad depende de Amazon.
Los trucos de la explosión, el estreno accidentado, el reparto europeo y las decisiones de Pontecorvo.
Para reconstruir la voladura del vehículo presidencial se utilizaron 25 coches de juguete de la marca Chrysler. Se filmaron numerosas pruebas con los modelos a escala.
La explosión se repitió más de veinte veces a lo largo de tres días, según el reportaje publicado durante el estreno español de 1980.
Los técnicos levantaron una maqueta de unos dos metros de alto por tres de largo de un tramo de Claudio Coello, el lugar real del atentado de 1973.
Pontecorvo explicó en Venecia que la secuencia de la voladura se había realizado en el emplazamiento real y utilizando trucajes; evitó revelar sus mecanismos concretos.
En septiembre de 1979 fue retirada de la sección oficial fuera de concurso del Festival de San Sebastián. El motivo oficial fueron problemas técnicos con la copia española.
En su presentación en Venecia, el director declaró que la versión proyectada todavía no era definitiva por problemas de laboratorio.
Pontecorvo anunció durante Venecia que iba a cambiar la música de Ennio Morricone en la última secuencia.
La película se presentó en Venecia en septiembre de 1979. Su explotación española llegó en 1980, durante una transición política todavía reciente.
En febrero de 1977 concedió una entrevista mientras terminaba el guion y preveía comenzar a rodar en mayo de aquel año; la realización y el estreno se demoraron.
El director dijo que el libro Operación Ogro, cuyos derechos había comprado el productor Franco Cristaldi, no debía confundirse con el guion definitivo.
Los créditos recogidos por el ICAA atribuyen el guion a Gillo Pontecorvo, Ugo Pirro y Giorgio Arlorio, un trabajo colectivo desarrollado durante varios años.
El actor italiano, ya vinculado a películas políticas, interpretó a Izarra, uno de los personajes a través de los que la película reconstruye la operación.
El actor español interpretó a Iker y formó parte de un reparto que reunió figuras españolas, italianas y francesas.
Molina interpretó a Amaiur y Poncela a Txabi, dos papeles importantes en la dramatización del conflicto y sus consecuencias.
El compositor italiano, colaborador habitual del cine político europeo, firmó una música cuya función dramática fue debatida incluso durante el cierre del montaje.
El director de fotografía de La batalla de Argel volvió a colaborar con Pontecorvo. En Venecia destacó la búsqueda de tensión emocional por encima del virtuosismo formal.
La prensa de julio de 1979 señaló que todo el rodaje se desarrolló en territorio español, pese a la participación italiana en la producción.
Madrid Film Office documenta localizaciones en Madrid y Vizcaya; la geografía de la película une los lugares del atentado con el contexto vasco.
La oficina de rodajes de Madrid incluye la estación de Atocha entre los emplazamientos asociados a la película.
Claudio Coello, Serrano y el entorno de la Puerta de Alcalá figuran en la relación de localizaciones del Madrid cinematográfico de 1979.
La película utiliza recuerdos y saltos temporales: sitúa a sus personajes en un presente posterior y viaja a sus experiencias anteriores al atentado.
La copia descrita en la crónica de Venecia incluía secuencias posteriores a la muerte de Franco antes de volver a la preparación de la operación.
En Venecia, el director explicó que durante su documentación había mantenido contactos con miembros del comando que llevó a cabo el atentado.
La recepción estuvo marcada por discrepancias sobre la representación de la violencia política y la transición democrática; Pontecorvo rechazó públicamente que su película hiciera apología del terrorismo.
La Mostra había cambiado sus estatutos y terminó sin sus premios clásicos, por lo que su presencia allí no debe confundirse con competir por un León de Oro de ese año.
Madrid Film Office registra un premio David di Donatello de 1979 a la mejor dirección para Gillo Pontecorvo por esta película.
El catálogo del ICAA registra 547.626 espectadores y una recaudación histórica de 486.842,62 euros convertidos en sus estadísticas.
El ICAA registra la película en 35 milímetros, en color y con una duración de 105 minutos; algunas ediciones domésticas presentan metrajes distintos.
Detalles adicionales sobre una producción especialmente delicada.
La combinación de una maqueta y rodaje en la localización real permitía reconstruir una escena histórica sin repetir materialmente sus consecuencias.
El proyecto se desarrolló a lo largo de los primeros años de la Transición. Ese intervalo modificó inevitablemente la forma en que podía interpretarse su tema.
La presencia de intérpretes de varias cinematografías europeas reforzó el carácter internacional del proyecto de Pontecorvo.
Hasta su paso por Venecia, el director seguía considerando ajustes de música y montaje, señal de una posproducción prolongada.
El atentado del 20 de diciembre de 1973 contra Carrero Blanco fue un hecho histórico cometido por ETA. La película construye personajes, diálogos y saltos temporales para interpretarlo; no equivale a una transcripción documental. Las lecturas políticas que aparecen en el argumento son posiciones de los personajes y del relato cinematográfico, y no pruebas independientes sobre los hechos.
La escena más conocida tenía un problema de producción evidente: representar visualmente una explosión histórica de enormes dimensiones en pleno Madrid. Según una crónica de El País publicada durante el estreno español, se fabricó una maqueta de dos por tres metros de la calle Claudio Coello y se usaron veinticinco coches Chrysler a escala. Los técnicos dedicaron tres días y más de veinte intentos a la secuencia. Durante la presentación de Venecia, Pontecorvo confirmó los trucajes empleados, aunque evitó revelar cómo funcionaban exactamente. El resultado combina reconstrucción cinematográfica y localización auténtica.
Más historias del cine español y de los thrillers políticos.

Otra película que retrató los conflictos de la España de los ochenta.
Leer curiosidades
Investigación criminal y tensiones institucionales en el cine español.
Leer curiosidadesDocumentación oficial española y periodismo contemporáneo al rodaje y estreno. No se han utilizado listas de IMDb como fuente editorial.
Metodología: se distinguen hechos históricos, declaraciones atribuidas y recursos de dramatización. Última revisión: 13 de octubre de 2026.