Trueba prohibió a Verdaguer imitar a Eugenio
El director no quería una reproducción mecánica del cómico. Le pidió que interpretase sus emociones y su vida interior; nunca le exigió imitar sus gestos durante las pruebas.
El actor memorizó sesenta chistes, utilizó una prótesis nasal, alzas y un trasero artificial. Pero David Trueba le impuso una regla todavía más inesperada: no quería que imitase al humorista, sino que mostrara al hombre que había detrás de la máscara.
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Antes de ser el humorista de los silencios, las gafas oscuras y el cigarrillo, Eugenio era un joven joyero que encontró en Conchita el impulso para subirse a un escenario. David Trueba convierte aquellos años en una historia sobre el amor, la creación de un personaje público y lo que las carcajadas pueden ocultar.
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Un Eugenio sin imitaciones, las prótesis inesperadas y los auténticos escenarios que recuperaron sus primeros años.
El director no quería una reproducción mecánica del cómico. Le pidió que interpretase sus emociones y su vida interior; nunca le exigió imitar sus gestos durante las pruebas.
Se aprendió unos sesenta chistes auténticos del humorista y los utilizaba incluso para entretener a los figurantes mientras se preparaban las escenas de actuaciones.
Verdaguer contó en RTVE que llegó a gastar unos 800 euros en una prótesis nasal para demostrar que podía convertirse en Eugenio.
Además de la nariz, el actor utilizó una prótesis de trasero: Eugenio tenía una silueta diferente de la suya. El propio Verdaguer lo convirtió en broma televisiva.
El productor Edmon Roch explicó que el equipo añadió pequeñas alzas en el calzado porque el verdadero Eugenio era más alto que el actor.
Verdaguer se dejó crecer el pelo y la barba. Peluquería debía aclarar y peinar su barba, naturalmente más tupida que la del cómico.
La prótesis nasal requirió sesiones diarias de caracterización que rondaban la hora y media, una dificultad invisible bajo el aspecto sencillo del personaje.
David Trueba explicó que el actor fumaba durante las escenas: consideraba esencial que un fumador como Eugenio sujetase y manejase el cigarrillo con naturalidad.
Trueba insistió en utilizar esa lengua para retratar con autenticidad la intimidad de Eugenio y Conchita, aunque el cómico alcanzase fama por sus actuaciones en castellano.
Trueba relató que la actriz preparó tanto el idioma que en ocasiones tenía que pedirle que pronunciara con menos perfección para reflejar el habla natural de Conchita.
La película recupera su etapa de dúo musical con Conchita, decisiva para que un trabajador de joyería sin vocación cómica terminara sobre los escenarios.
Trueba escogió retratar el inesperado recorrido desde el oficio de joyero hasta la fama, no toda la biografía del humorista.
El director explicó que decidió contar el periodo que Eugenio compartió con su esposa; su historia amorosa estructura el relato y no funciona solo como acompañamiento.
La película se apoyó en Eugenio y Saben aquell que diu, de Gerard Jofra. David Trueba y Albert Espinosa firmaron el guion adaptado.
El hijo de Eugenio participó interpretando un personaje en la película, que abordaba precisamente la historia de sus padres.
Trueba incorporó a distintas personas del entorno profesional de Eugenio que aparecen en la recreación representándose a sí mismas.
El productor contó que casi todo se rodó en Barcelona y alrededores, salvo una jornada en el Museo del Ferrocarril, en la antigua estación de Delicias.
El antiguo casino sirvió tanto para reconstruir el Sausalito, donde actuaba Eugenio, como el ambiente de otro espectáculo situado en Madrid.
Entre las localizaciones figura el Café Teatro Llantiol de Barcelona, un escenario ligado al humorista donde también ha actuado su hijo Gerard.
La producción utilizó este espacio barcelonés, relacionado con actuaciones de Eugenio, aunque su apariencia actual había cambiado respecto a la época representada.
Edmon Roch situó el trabajo principal en unas siete semanas. El ICAA documenta el rodaje entre abril y junio de 2023.
Confesó que desconfiaba de los biopics porque reducen vidas complejas a personajes. Aceptó cuando pudo limitarse a un periodo concreto y colocar a Conchita en el centro.
La película muestra la transformación de un hombre tímido en el personaje de voz grave, ropa oscura, cigarrillo y gafas con el que se hizo célebre.
Trueba evitó grandes discursos históricos: eligió detalles cotidianos, como Eugenio comprando una revista de chistes mientras los periódicos anuncian la noticia.
La cantante y trompetista firmó la banda sonora original; su trabajo obtuvo una nominación a los Goya de 2024.
Su interpretación de Eugenio obtuvo el premio en febrero de 2024; en el discurso destacó el trabajo serio de los humoristas.
La Academia la reconoció en categorías que incluyeron película, dirección, interpretación, vestuario, música y caracterización.
La fecha está consignada en el registro del ICAA, que también identifica el catalán como lengua de la versión original.
Trueba explicó que consideraba al actor una elección evidente por su naturalidad, voz y ritmo cómico; lo contrató sin someterlo a pruebas.
El productor explicó que Nacho Díaz creó la calota para representar una etapa de la enfermedad de Conchita, además de colaborar en los elementos de caracterización de Eugenio.
Cuatro decisiones que explican el retrato de Eugenio.
Trueba frenó la tentación de reproducir tics y buscó la humanidad que un registro de actuaciones no puede mostrar.
Verdaguer preparó el ritmo de los chistes y las pausas tan características del cómico, sin perder el comportamiento íntimo del personaje.
El equipo combinó interiores transformados y locales barceloneses por los que realmente pasó Eugenio.
El guion eligió los años compartidos con Conchita y no intentó repasar todos los episodios de la fama de Eugenio.
David Verdaguer tuvo que parecerse a uno de los cómicos más reconocibles de España. Para conseguirlo se dejó crecer el pelo y la barba, utilizó alzas en los zapatos y pasó por maquillaje para colocarse una nariz postiza. Según contó en RTVE, llegó a invertir unos 800 euros en una prótesis nasal. La caracterización no terminaba ahí: también llevó un trasero artificial, algo que él mismo contó con humor en televisión. Lo extraordinario es que David Trueba le prohibió apoyarse en la imitación como atajo. Prefería entender el miedo y la timidez de Eugenio. Verdaguer se aprendió unos sesenta chistes y los contaba incluso para entretener al público figurante entre tomas. La apariencia podía construirse; la personalidad tenía que interpretarse.
Porque habla de cómo nace un personaje cómico sin reducir al protagonista a una sucesión de chistes conocidos. La película devuelve protagonismo a Conchita, muestra el coste humano del éxito y permite redescubrir una época de la cultura popular española a través de sus escenarios y sus pequeños gestos.
Más vidas reales llevadas al cine con interpretaciones memorables.

El reto de recrear los comienzos de otra figura legendaria.
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La emoción de reconstruir una historia real para la pantalla.
Leer curiosidadesEntrevistas originales al director, actor y productor, y registros oficiales de la Academia de Cine y el ICAA. No se han utilizado recopilaciones de curiosidades de IMDb.
Metodología: las declaraciones de los creadores se atribuyen como tales y se separa la reconstrucción dramática de los hechos documentados. Última revisión: 14 de octubre de 2026.