La gran tormenta casi se quedó sin nieve
El plan era rodar exteriores en zonas normalmente nevadas, pero un invierno demasiado suave derritió el paisaje. La película que necesitaba una ventisca terminó persiguiendo el frío de un estado a otro.
Renny Harlin quiso encerrar a McClane en una tormenta brutal, pero la nieve se derritió en varios lugares de rodaje. El equipo cambió aeropuertos, cruzó estados y terminó recreando el temporal en platós refrigerados.
Descubrir las 28 curiosidades
John McClane esperaba una Navidad tranquila, pero el vuelo de su esposa queda atrapado sobre un aeropuerto controlado por hombres armados. Lo que parece una secuela rodada entre pasillos y pistas nevadas fue, detrás de las cámaras, una operación gigantesca: aeropuertos poco dispuestos a colaborar, cambios urgentes de localización, una ventisca inventada y un calendario al límite.
Busca la película y artículos relacionados. La disponibilidad depende de Amazon.
Un invierno que se derritió, un guion reciclado de una novela, problemas con las aerolíneas y una demanda nacida de un plano eliminado.
El plan era rodar exteriores en zonas normalmente nevadas, pero un invierno demasiado suave derritió el paisaje. La película que necesitaba una ventisca terminó persiguiendo el frío de un estado a otro.
Renny Harlin contó en 1990 que Joel Silver le ofreció dirigir la secuela cuando todavía terminaba Las aventuras de Ford Fairlane. El calendario era tan apretado que comenzó a filmar apenas una semana después de cerrar la otra película.
El estudio tenía los derechos de la novela 58 Minutes, de Walter Wager. Un guion desarrollado a partir de esa historia fue adaptado para convertir a su protagonista en John McClane, en vez de partir de una secuela enteramente original.
El aeropuerto de Washington que parece dominar toda la película se construyó en montaje: instalaciones de Los Ángeles, un aeropuerto de Denver, localizaciones del Medio Oeste y decorados de Fox representan distintas partes del mismo complejo.
En el aeropuerto Stapleton de Denver se limitaron las tomas y se prohibió mostrar aviones o logotipos de compañías. Responsables del sector objetaban tanto la imagen de los empleados aeroportuarios como la violencia del argumento.
La cifra que recogía la prensa contemporánea era de 7,5 millones de dólares por volver a interpretar a McClane, muestra de cuánto había crecido el poder comercial del actor después del éxito de 1988.
El equipo utilizó una iglesia de alrededor de 1896 en Mead, Colorado, como cuartel del grupo armado. Para transformarla visualmente, añadieron un campanario falso: el edificio no era exactamente como aparece en pantalla.
Cuando empezó a desaparecer la nieve de Mead, máquinas de efectos cubrieron la localización con hielo picado y escamas de jabón. Buena parte de ese invierno tan convincente fue una solución práctica.
En Moses Lake, Washington, la lluvia arruinó la nieve prevista para el rodaje. La producción hizo un traslado de urgencia a Alpena, Michigan, con un problema logístico enorme y sin garantía de encontrar mejores condiciones.
Las persecuciones por salas técnicas y pasadizos se filmaron en parte en la Harbor Generating Plant de Wilmington y la Jensen Filtration Plant de Granada Hills, California. Los espacios industriales reales se hicieron pasar por infraestructura de Dulles.
Para el primer gran tiroteo, el diseñador John Vallone levantó una zona de cintas transportadoras en un almacén del centro de Los Ángeles. No era una terminal aeroportuaria en funcionamiento.
La torre, dependencias policiales, pasarelas móviles, interiores de aviones y hasta una iglesia interior se construyeron en platós de Twentieth Century Fox. Permitían controlar acción, iluminación y continuidad sin paralizar aeropuertos reales.
Las escenas ambientadas en el ficticio país de Val Verde se fotografiaron en el aeropuerto de Mojave, California. El contraste con el paisaje helado estadounidense se consiguió sin salir de la zona desértica.
Una noticia de octubre de 1989 informó de que se intentaba atraer a Linda Fiorentino al reparto. Finalmente no participó: otro ejemplo de lo mucho que evolucionó la producción antes de llegar al estreno.
La prensa de 1989 describía una primera versión de la trama con un ataque a un aeropuerto de Manhattan. La versión definitiva trasladó la acción al Aeropuerto Internacional de Dulles, junto a Washington.
Además de John y Holly McClane, reaparecen el periodista Dick Thornburg y el sargento Al Powell. El resto del elenco principal de la primera entrega no volvió: la secuela conservó sobre todo el conflicto familiar y el humor de McClane.
En un aeropuerto supuestamente situado en Washington aparece un teléfono con el logotipo de Pacific Bell. La compañía operaba en California, y la prensa ya destacó este desliz geográfico al estrenarse la película.
Black & Decker demandó a Fox tras desaparecer del montaje un momento en el que McClane utilizaba uno de sus taladros inalámbricos para abrir una rejilla. La firma afirmó haber gastado dinero promocionando la aparición del producto.
La película fue promocionada inicialmente como Die Hard 2: Die Harder. En febrero de 1990 se comunicó que el título se acortaba oficialmente a Die Hard 2, aunque el eslogan siguió asociado a la campaña.
La fotografía principal comenzó el 28 de noviembre de 1989 y terminó el 6 de abril de 1990. Entre cambios de localización y una fecha de estreno de verano, el equipo tuvo un calendario muy exigente.
La prensa de 1990 habló de un coste en torno a los 60 millones de dólares, muy por encima del presupuesto inicial citado de unos 40 millones. Trasladar equipos y recrear nevadas en estudio resultó carísimo.
Según registros de prensa recopilados por AFI, la secuela alcanzó 100 millones de dólares de taquilla estadounidense en 41 días. El éxito confirmó que McClane podía sobrevivir fuera del edificio Nakatomi.
Varios personajes reconocen al policía por lo ocurrido en el Nakatomi Plaza. Es un guiño consciente a la exposición mediática que habría tenido el héroe tras los sucesos de la primera película.
En las localizaciones se aplicó una política estricta de acceso restringido. La combinación de estrellas, escenas de riesgo, aeropuertos y expectación por la secuela complicaba aún más el trabajo.
La película incorpora música de Jean Sibelius, incluido el universo sonoro de Finlandia, un detalle ligado al origen finlandés de Renny Harlin. El resto del acompañamiento musical corre a cargo de Michael Kamen.
Entre los hombres armados del reparto figura Robert Patrick, acreditado como O’Reilly. Al año siguiente se haría mundialmente famoso como el T-1000 de Terminator 2: El juicio final.
El futuro protagonista de Super Mario Bros. y actor habitual del cine estadounidense aparece en el reparto como Burke, uno de los terroristas. Es fácil pasarlo por alto en una película con tantos antagonistas.
La secuela repitió el punto de partida emocional de la original: McClane solo quiere reunirse con Holly en Navidad. La diferencia es que ahora ella está atrapada en un avión y el reloj avanza con el combustible.
El aeropuerto de la película se fabricó combinando edificios reales, estudios y diferentes estados.
En pantalla todo parece una única noche helada. En realidad, la continuidad de la nieve tuvo que construirse entre varias regiones y los platós refrigerados de Los Ángeles.
Al construir la sala de equipajes, torre de control y otros espacios, Harlin pudo planificar persecuciones y enfrentamientos sin depender de permisos en instalaciones operativas.
Tras el éxito de la original, la continuación cambió la acción de un edificio a una infraestructura aeronáutica completa. Ese salto explica la abundancia de escenarios, segundos equipos y efectos.
La jungla 2 traslada la fórmula de su predecesora a un terreno todavía más difícil: pistas de aterrizaje, torres de control, aviones sin combustible y una noche que parece no terminar nunca. Su mayor mérito artesanal está en que la tormenta mantiene su presencia incluso cuando sabemos que fue rodada en lugares completamente distintos.
El rodaje debía mostrar un gran aeropuerto azotado por la nieve, pero las temperaturas suaves echaron por tierra varios planes. El equipo se desplazó por Colorado, Washington y Michigan buscando condiciones invernales; cuando la lluvia frustró la filmación en Moses Lake, se realizó un traslado urgente a Alpena. Allí tampoco faltaron las dificultades. Renny Harlin acabó recurriendo a estudios refrigerados de Los Ángeles y a nieve artificial, mientras otras localizaciones se cubrían con hielo picado y escamas de jabón. Lo que se ve como una tormenta continua es el resultado de una compleja operación de montaje, localizaciones y efectos prácticos.
Más acción y secretos de rodaje en CineCurioso.

La primera noche imposible de John McClane, esta vez encerrado en el Nakatomi Plaza.
Leer curiosidades
Otra superproducción de acción que elevó la escala de las secuencias y de los efectos.
Leer curiosidadesDatos de producción contrastados principalmente con el catálogo histórico del American Film Institute y con reportajes publicados durante el estreno, no con listas de IMDb.
Metodología: los hechos de producción y las declaraciones de sus participantes se distinguen de las observaciones sobre la propia película. Última revisión: 13 de octubre de 2026.